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Cuando sabes lo que tienes que hacer… pero no puedes hacerlo ✨

Hay una idea que se nos cuela muy dentro cuando convives durante años con una enfermedad crónica, una idea que no suele decirse en voz alta pero que acaba formando parte de tu diálogo interno: la sensación de que tienes que aprenderlo todo, entenderlo todo, gestionarlo todo y, además, hacerlo bien, sin quejarte demasiado y sin molestar.

Con el lipedema me pasó exactamente eso.
Durante mucho tiempo sentí que tenía que leer más, escuchar más, formarme más, probar más cosas, como si en algún punto todo ese conocimiento acumulado fuera a convertirse mágicamente en energía, en fuerza física o en claridad absoluta para saber qué hacer en cada momento.

Y cuando empecé con la medicación, la tirzepatida, esa sensación volvió, quizá de una forma más silenciosa, pero igual de pesada, porque cuando te dicen —una y otra vez— que el músculo es importante, que el ejercicio protege, que moverte forma parte del tratamiento, y tú te miras y ves que no puedes, que no te sale, que el cuerpo no responde… no solo aparece el cansancio físico, aparece también un agotamiento mucho más profundo.

El de sentir que estás fallando en algo que se supone que ya sabes.


Recuerdo perfectamente pensar que, si tenía toda esa información, si era consciente de la importancia del movimiento y del cuidado muscular, ¿por qué me resultaba tan difícil llevarlo a la práctica?, y no encontrar una respuesta clara, solo una mezcla de culpa, frustración y la sensación de estar siempre un paso por detrás de lo que “debería” estar haciendo.


💭 Saber lo que te conviene no siempre significa poder hacerlo

Con el tiempo empecé a entender algo que parece obvio, pero que cuesta mucho integrar de verdad: saber lo que te conviene no significa que tu cuerpo esté preparado para hacerlo en este momento concreto de tu vida.

La medicación cambia cosas, el lipedema cambia cosas, el cansancio acumulado de años sosteniéndote como puedes también cambia muchas cosas, y aun así seguimos midiéndonos con la misma vara de siempre, como si estuviéramos en igualdad de condiciones, como si pedir ayuda fuera una especie de rendición.

Yo también pensaba así, hasta que empecé a notar que lo que más pesaba no era mi cuerpo, sino la responsabilidad constante de tener que decidirlo todo sola.


🤍 Acompañamiento real, no frases motivacionales

Acompañamiento no es que alguien te diga que puedes con todo si te esfuerzas un poco más, ni que te empuje cuando claramente estás cansada, ni que minimice lo que sientes con frases bienintencionadas pero vacías.

Acompañamiento, al menos para mí, es que alguien mire tu caso concreto, tu momento vital, tu contexto real, y no te haga sentir rara por no encajar en un estándar que nunca fue pensado para cuerpos como el tuyo.

Por eso empecé en Balance.

Y lo cuento no como una solución mágica ni como una promesa de resultados rápidos, sino como algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más valioso: un descanso mental.

Porque en Balance no tienes que cargar tú sola con todas las decisiones relacionadas con tu salud; hay médicos que valoran tu situación de forma individual, nutricionistas que entienden procesos reales y no ideales, coachs que acompañan sin juicio cuando flaqueas, y profesionales del ejercicio físico que saben que moverte no siempre significa entrenar, y que hay etapas en las que el objetivo no es avanzar, sino sostener.

Y eso, cuando llevas tiempo cansada, cambia mucho las cosas.


🌿 Cuando baja la presión, a veces el cuerpo empieza a moverse

Algo que no esperaba fue darme cuenta de que, al sentirme acompañada, la presión interna empezó a bajar poco a poco, no porque de repente hiciera más cosas o tuviera más energía, sino porque dejé de vivir con la sensación constante de estar en deuda conmigo misma.

Pude empezar a moverme un poco, de forma muy sencilla, sin que cada gesto viniera acompañado de un juicio, sin que cada día se convirtiera en un examen que tenía que aprobar.

Pude crear una rutina pequeña, muy básica, incluso ridícula desde fuera, pero suficiente para mí en ese momento, sin sentir que estaba haciendo “poco” o que no merecía llamarlo cuidado.

Y, sobre todo, pude empezar a soltar la idea de que, si no avanzaba rápido, era porque yo no valía o no me estaba esforzando lo suficiente.


✨ Compartirlo también es parte del proceso

Cuando decidí compartir todo esto en LipedemaDiary no fue para enseñar a nadie cómo hacer las cosas, sino porque sé que muchas personas están exactamente en este punto: informadas, conscientes, y aun así cansadas, con la sensación de que el cuerpo va más lento que la cabeza.

Si estás leyendo esto y te reconoces, si sabes lo que “deberías” hacer pero hoy no puedes, quizá no necesitas empujarte más ni exigirte otro esfuerzo extra.

Quizá lo que necesitas, como me pasó a mí, es entender que pedir apoyo también es una forma de cuidarte.

Si te apetece informarte sobre Balance, puedes hacerlo desde mi enlace personal aquí:
👉 https://findbalance.app/evaluacion?code=S1CHNJI4W

Sin prisas, sin obligaciones y sin promesas grandilocuentes, solo como una opción más para no tener que hacerlo todo sola.


🌷 Y si hoy no es el día, también está bien

No tienes que decidir nada ahora ni empezar nada mañana, porque a veces el primer paso no es actuar, sino leer algo y sentir, aunque sea por un momento, que no eres la única a la que le pasa.

Y eso, aunque no lo parezca, también es movimiento.


y ahora te comparto una pequeña…

Rutina de 7 minutos

Activación suave para proteger músculo y sistema nervioso
(apta para lipedema y días de poca energía)

⏱️ Minuto 1 – Respirar y aterrizar

  • De pie o sentada.

  • Mano en el pecho, mano en el abdomen.

  • Inhala por la nariz / exhala largo por la boca.
    👉 Aquí ya estás cuidando músculo y sistema nervioso.


⏱️ Minutos 2–3 – Piernas sin impacto

  • Sentadillas muy suaves o

  • Sentarte y levantarte de una silla.
    👉 No más de lo que el cuerpo quiera hoy.


⏱️ Minuto 4 – Gemelos y retorno

  • Elevar talones y bajar despacio.

  • Puedes sujetarte a una pared o silla.
    👉 Ideal para piernas con lipedema.


⏱️ Minuto 5 – Brazos y pecho

  • Empujar la pared (flexiones de pared).

  • O levantar botellas de agua.
    👉 Estímulo muscular sin agotar.


⏱️ Minuto 6 – Movilidad

  • Círculos de hombros.

  • Balanceo suave de brazos.
    👉 Le dices al cuerpo: “no estás rígido, estás a salvo”.


⏱️ Minuto 7 – Cierre consciente

  • Mano en el corazón.

  • Frase interna (o en voz alta):

“Esto es suficiente por hoy.”

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