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Jornadas de lipedema por LolesinShapeLipe y Fisioparque: información, cuerpo… y muchas capas más

Hay días que no son solo días.
Son puntos y aparte.

Las jornadas de lipedema que vivimos recientemente en Collado Villalba, organizadas por Loles (@lolesinshapelipe)junto a Fisioparque, fueron una de esas experiencias que, aunque llegas a casa cansada, te dejan la cabeza y el cuerpo removidos de una forma distinta.

No fue solo por la cantidad de información compartida —que fue muchísima—, sino porque durante horas se habló de lipedema con rigor, con humanidad y sin prisas. Algo que, quienes convivimos con esta patología, sabemos que no siempre ocurre.

Yo acudí con la sensación de estar en casa.
Y no lo digo a la ligera.

Y eso, en el mundo del lipedema, ya es mucho.


Llegar con mochila (y salir con otra distinta)

Cuando una convive con el lipedema, no llega nunca “en blanco” a un evento así. Llegas con mochila. Con años de pruebas, de dietas, de recomendaciones contradictorias, de médicos que saben y de otros que no, de esperanza, de miedo, de comparaciones y de esa sensación constante de “¿estaré haciendo algo mal?”.

Yo llegué con esa mochila.
Y me fui con otra.

No más ligera, pero sí mejor ordenada.


No fue un evento para prometer nada (y eso fue un alivio)

Desde el principio quedó claro que no íbamos a escuchar milagros. Nadie habló de curas, de “antes y después”, ni de soluciones rápidas. Y, sinceramente, eso fue uno de los mayores aciertos.

Porque el lipedema no va de eso.

A lo largo del día se abordó la enfermedad desde una mirada integrativa, entendiendo que no estamos hablando solo de piernas o brazos, sino de un cuerpo entero que responde, se adapta, se inflama, se protege y, muchas veces, se defiende.

Se habló de fisiología, de metabolismo, de inflamación crónica, de sistema linfático, de hormonas, de tejido conectivo… pero también de algo que suele quedarse fuera de los congresos: cómo se vive todo esto por dentro.


El cuerpo no falla: responde

Uno de los mensajes que más resonó —y que, para mí, conecta con todo lo que intento transmitir desde LipedemaDiary— es que el cuerpo no es el enemigo.

El cuerpo responde a lo que le pasa.

A la inflamación mantenida.
Al estrés crónico.
A años de restricciones.
A la presión estética.
A la culpa.
A la autoexigencia constante.

Se habló mucho de cómo el sistema nervioso, el digestivo, el hormonal y el inmunológico están profundamente conectados. Y de cómo, cuando vivimos en alerta constante, el cuerpo entra en modo supervivencia.

Eso no es debilidad.
Es biología.


Tratamiento conservador: el que nunca sale en los titulares

Si algo quedó claro es que el tratamiento conservador no es “lo que haces mientras decides operarte”. Es la base, estés operada o no.

Drenaje linfático, compresión, movimiento bien pautado, nutrición adaptada, descanso, gestión del estrés… nada de esto funciona aislado. Tampoco funciona a base de heroicidades.

Se insistió mucho en algo que me parece clave:
no se trata de hacer más, sino de hacer mejor.

No más horas de ejercicio.
No dietas más estrictas.
No más castigo.

Más escucha.
Más contexto.
Más individualización.


Nutrición: menos listas, más criterio

Otro punto muy interesante fue el enfoque nutricional. Lejos de dogmas, se habló de inflamación, de microbiota, de horarios, de metabolismo y de cómo cada cuerpo procesa de forma distinta.

Aquí apareció algo que muchas vivimos: la confusión.

Porque cuando convives con el lipedema, parece que todo inflama, todo engorda y todo está mal. Y ese ruido constante acaba generando más estrés que beneficios.

El mensaje fue claro: no todo el mundo necesita lo mismo, y sin una evaluación individual cualquier pauta acaba fallando.


Movimiento sin violencia

El ejercicio dejó de plantearse como una herramienta para “corregir” el cuerpo y pasó a verse como lo que debería ser: una forma de cuidarlo.

Se habló de fuerza, de aeróbico bien pautado, de agua, de descanso, de viajes largos, de dolor y de adherencia.
De cómo el mejor ejercicio no es el más intenso, sino el que puedes mantener sin romperte física ni mentalmente.

Y, otra vez, apareció una idea que atraviesa todo: no luchar contra el cuerpo, sino acompañarlo.


Cirugía: decisiones complejas, no bandos

La cirugía se abordó con una honestidad que no siempre se encuentra. Sin romantizarla, pero tampoco demonizarla.

Se habló de ella como lo que es:
una herramienta que puede ayudar en determinados casos, pero que no sustituye al tratamiento conservador ni garantiza un resultado concreto.

Aquí creo que fue especialmente importante escuchar experiencias diversas. Porque el problema no es la cirugía en sí, sino cómo se comunica, cómo se vende y desde dónde se decide.

Y, muchas veces, se decide desde el agotamiento.


Cuando la información pesa más que las medias

Hubo un momento del evento que me tocó especialmente, porque conecta directamente con algo que llevo tiempo observando:
la información también puede inflamar.

Compararnos.
Medir litros.
Contar masajes.
Analizar técnicas.
Seguir a veinte profesionales distintos que dicen cosas opuestas.

Todo eso acaba pesando más que unas medias de compresión.

Por eso se insistió tanto en aprender a filtrar, a dudar sin miedo y a aceptar que cambiar de opinión forma parte del proceso.


La parte emocional: el duelo que casi nadie nombra

El cierre del evento puso el foco donde debería estar desde el principio: en la parte emocional.

Se habló de duelo.
De despedirse del cuerpo que creímos que íbamos a tener.
De la culpa que cargamos durante años.
De la vergüenza.
De la autoestima.
Del dolor crónico y de cómo afecta a las relaciones.

Y se dijo algo muy importante:
no somos nuestro diagnóstico, pero tampoco podemos ignorarlo.

Integrarlo no es rendirse. Es empezar a vivir con más honestidad.


Mi intervención: contar para no correr

Cuando me tocó hablar, hice lo único que sé hacer: contar mi historia. No como ejemplo a seguir, sino como proceso. Con errores, con decisiones difíciles, con aprendizajes que llegaron tarde y con otros que aún están en construcción.

Quise transmitir algo muy sencillo:
no tengamos prisa.

No hay atajos.
No hay garantías.
Y no pasa nada por parar, dudar o cambiar de rumbo.

Divulgar no es dar recetas.
Es compartir caminos.


Más que un evento

Estas jornadas fueron información, sí.
Pero también fueron comunidad.
Miradas que se entienden.
Conversaciones sin juicio.
Y esa sensación tan necesaria de no estar sola en esto.

Salí cansada, pero agradecida.
Y con la certeza de que espacios así importan. Mucho.


🎥 El evento completo en vídeo

Si no pudiste asistir o quieres volver a ver alguna ponencia con calma (porque esto no se digiere en un solo día), el evento completo está disponible en vídeo.

👉 [AQUÍ PUEDES VER LAS JORNADAS COMPLETAS EN VÍDEO]

 

 

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